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| EDITORIAL/EDITORIAL |
SIDA: 27 años de lucha
Dr. Carlos Rodriguez Taveras
Coordinador del Comité de VIH/SIDA e ITS API 2007-2009,
Jefe del Servicio de Infectología, Hospital Central de Las Fuerzas Armadas,
Santo Domingo, República Dominicana.
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En este año, se han cumplido 27 años de publicarse en Estados Unidos de América los primeros casos del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA); desde entonces nadie imaginó el impacto que la nueva enfermedad tendría en una sociedad plenamente convencida de que con los antibióticos y las vacunas habían ganado ya la batalla a las infecciones.
Los primeros años fueron de incertidumbres, con muchas dudas, miedos y una creciente sensación de sorpresa, teniéndose el conocimiento de que las vías de transmisión del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) no eran neutras, tenían que ver con sexo y con el uso de drogas. Ello mas la falta de una información científica, produjo una gran contradicción entre una sociedad moderna y tecnificada delante de lo desconocido que hizo lo habitual: buscar culpables.
Para unos lo fueron los hombres que tienen sexo con hombres y los usuarios de drogas; para otros, las trabajadoras sexuales y las transfusiones de sangre y/o hemoderivados y como si todo esto fuera poco la carga del dedo acusador que apuntaba hacia los países mas pobres del planeta y como es natural ante toda esa confusión muchos países optaron por negar la existencia del problema y entre culpa y negación se le dio paso a la estigmatización, marginalización y falta de acción política, factores claves para la propagación del virus.
Incluso con información mas objetiva en cuanto a la transmisión y conociendo el impacto que tiene el VIH, todavía vemos como parte de la sociedad se niega a aceptar medidas básicas de protección, como son la promoción del preservativo y los programas de intercambio de jeringuillas para los usuarios de drogas intravenosas.
Sin lugar a dudas, el primer gran éxito en términos de prevención de la infección lo constituyo el uso de la Zidovudina en madres infectadas, reduciendo drásticamente la transmisión a los niños; sin embargo, en el 2007 el promedio mundial de mujeres gestantes que se hicieron la prueba fue de sólo 18 por ciento, y de las que resultaron positivas al VIH, sólo 33 por ciento tuvieron acceso al tratamiento para evitar la transmisión del virus al bebé.
Las organizaciones de afectados se han consolidado y aunque su tenaz reivindicación ha venido cambiando lentamente los objetivos de sus reclamos con el fin de reducir la propagación de la infección, según las exigencias de los nuevos tiempos y luego de la aparición de las combinaciones de antiretrovirales, que cambió radicalmente el pronostico de la infección, esto se refleja en las conferencias internacionales sobre SIDA, que son diálogos multitudinarios y diversos que contribuyen a crear consensos, y que a su vez son muy necesarios para poder unificar los esfuerzos.
Recordemos que son esos movimientos los que han obligado a facilitar el acceso universal al diagnóstico y tratamiento del VIH, aunque también evidencian aun mas la abismal diferencia entre los países del Hemisferio Norte y el Sur, donde la mayoría de infectados ni se diagnostica y solo un bajo porcentaje recibe tratamiento, y es de todos conocido que únicamente cuando en el Norte estuvieron las cosas un poco controladas, se pudo girar la mirada y en el 2001 se celebro la primera asamblea especifica de la ONU, de la cual salio el compromiso del fondo global para combatir el SIDA, la Malaria y la Tuberculosis.
Desde entonces las necesidades se han duplicado y paradójicamente en algunos países están los recursos sobrando, mientras que en otros no existen ni las mínimas estructuras para conseguirlos y mucho menos para generarlos, aunque si a veces dan origen al surgimiento de figuras inescrupulosas que los usen para provecho personal, olvidándose de toda la desgracia que envuelve este tema.
En nuestro contexto, la mejoría en el pronóstico de la infección por otro lado motiva el aumento de las conductas de riesgo y la tendencia a la desaparición del SIDA de los medios de comunicación. Ahora lo políticamente correcto es hablar del SIDA en los países pobres y de investigación biomédica, pero es un grave error pensar que el SIDA solo es un problema de países como los nuestros o que ya no queda margen para la prevención, porque en muchos países desarrollados se ha evidenciado un aumento del VIH, junto con la reemergencia de enfermedades de transmisión sexual como la sífilis y la gonorrea.
En nuestros países deberíamos superar la cultura de las intervenciones basadas solo en la información y asumir el reto de practicar las acciones preventivas que sabemos que funcionan, es imprescindible la normalización social de las pruebas diagnósticas y la creación de servicios que integren prevención y asistencia, en especial para las infecciones de transmisión sexual y la drogadicción, insertados en la comunidad y adaptados a las distintas poblaciones mas vulnerables, como los jóvenes y los emigrantes.
Es posible que dentro de 27 años mas pueda decirse que en el 2008 nadie pudo imaginar los éxitos que se conseguirían en la prevención del VIH, pues depende de nosotros y de que sepamos distinguir entre lo moralmente o políticamente correcto y lo viablemente efectivo, porque información de seguro no faltara, mas solo con el esfuerzo conjunto de nosotros como profesionales, junto a todos los sectores de la población seria la única manera de lograr el tan pregonado objetivo común: ACCIÓN UNIVERSAL YA!
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