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| EDITORIAL/EDITORIAL |
Control de las Geohelmintiasis: Un Compromiso Permanente
Prof. Dr. Angel A. Escobedo
Profesor Auxiliar de Agentes Biológicos, Facultad “Cmdte. Manuel Fajardo”.
Especialista de 2do grado en Microbiología, Hospital Pediátrico Universitario “Pedro Borrás”.
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Las enfermedades causadas por geohelmintos, tales como Ascaris lumbricoides, ancilostomídios y Trichuris trichiura son un problema de salud pública cuya naturaleza y alcance son bien conocidos. Se sabe que la presencia de estos agentes en el interior del organismo condiciona trastornos en el equilibrio nutricional, crecimiento y desarrollo físico de los niños; y más recientemente se notifican dificultades relacionadas con la capacidad de aprendizaje. Por fortuna, estos efectos pueden ser revertidos mediante tratamientos medicamentosos sencillos y poco costosos, entre los que se cuentan antihelmínticos de amplio espectro con probada efectividad y seguridad.
Ante todo lo anterior, cabe preguntarse ¿Por qué si hoy estamos tan bien preparados para enfrentar estas infecciones, aún son causa de morbilidad en tantos lugares?
En realidad, las evidencias señalan a la quimioterapia como una medida rápida de control; sin embargo, se conoce que entre los parásitos, el ambiente y los hospederos existe un estado de equilibrio. Cuando paralelamente a la quimioterapia antihelmíntica no se modifican las condiciones ambientales y de comportamiento humano, la prevalencia e intensidad de estas infecciones tienden a regresar a niveles muy similares a aquellos encontrados antes del tratamiento. Es así que se reconoce que para el control integral de estas infecciones se requiere de un enfoque social.
Las geohelmintiasis hoy ofrecen nuevos desafíos y su control brinda una oportunidad más para la acción desde la salud y para la salud, vista esta última como parte, objetivo y condición del desarrollo necesario de los pueblos. Estas infecciones están íntimamente relacionadas con actitudes, creencias, comportamientos y hábitos, en ocasiones, difíciles de desarraigar y que dependen de la cultura que los condicionan. Será entonces útil observar la situación epidemiológica, la cantidad de recursos y apoyo disponibles, al tiempo que se trabaje desde un enfoque que involucre a la comunidad en intervenciones fundamentales capaces de interrumpir el ciclo de transmisión de estas infecciones, tales como la construcción de letrinas y disponibilidad de agua, entre otras.
Para los trabajadores de la salud, la prevención ha sido siempre una parte fundamental del trabajo, pero debe reconocerse que el trabajo preventivo no es sólo tarea de los miembros del equipo de salud, es patrimonio también de la comunidad y de todos los sectores. Es imprescindible realizar alianzas democráticas entre el sector salud y otros sectores implicados con la comunidad, de manera que se sienta reconocido el derecho de esta última y su responsabilidad para participar y que a la vez reciba el apoyo y la asesoría que demande.
En lugares donde la población se encuentra particularmente expuesta a las geohelmintiasis, puede ser fácil encontrar personas adecuadas y deseosas de involucrarse en su control y puedan funcionar como un recurso útil en las intervenciones a realizar. En las comunidades, la mayoría de las personas consienten en alterar los comportamientos que ponen en riesgo la salud personal y familiar, pero todo cambio empieza cuando se eleva consistentemente el nivel de información. Así, resulta importante que esta llegue a todas las manos de quienes puedan usarla eficazmente, que estimule a las personas a asumir la responsabilidad personal en la adopción de estilos de vida más sanos y que faciliten la toma de decisiones en materia de salud, a la vez que induzca a renunciar a comportamientos nocivos para la salud. Colaborar en un trabajo que promueva y fomente la responsabilidad individual y comunitaria en la creación de ambientes saludables donde vivir y reconocer una realidad que desde hace mucho tiempo resulta incuestionable: sin parásitos se vive mejor. |
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